lunes, 8 de diciembre de 2008

Más de 55 palabras: Lujuria

Vuelvo a mirarte a los ojos, pero esta vez no hablo, sino que mis ojos vuelan a tu boca, marcando el objetivo. El primero te sorprende, el segundo te hace comprender que tú también lo deseas y en el tercero nuestros labios se ya se acoplan, entreabriéndose para dejar que nuestras lenguas se encuentren y se acaricien. Las manos, ávidas imitadoras, siguen su ejemplo y rebuscan entre las ropas hasta contactar con la piel.

Mis yemas comienzan en tu cintura, recorriendo tu piel, cartografiándola. Creando en mi mente un mapa tan perfecto de tu cuerpo que mañana no querré olvidar. Mis manos quieren seguir explorando y palpan bajo la espalda, al principio acariciando casi, y más tarde fuerte, con ansia, como si su mayor afán fuera introducirse bajo tu piel. Como no son capaces de alcanzar un objetivo tan difícil, prosiguen buscando y vuelan a tu pecho. Lo tomo en mi mano, lo agarro y juego con su punta, con deleite. Imagino que no son mis dedos los juguetones, sino que son mis labios y mientras éstos juegan en tu boca mi mente ya está imaginando que sabor tendrán tus pechos, pensando en mordisquearlos, en jugar con la lengua en ellos.

Finalmente las manos de ambos bajan casi al unísono, llegan más profundo de lo que han explorado hasta el momento, dispuestas a descubrir cómo de lejos puede llegar nuestro deseo.

Llegó primero la lujuria… más tarde ya se verá.

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