lunes, 19 de enero de 2009

Extraña estructura

Una extraña estructura se levanta en el parque de La Runa de Pamplona. No, no es una escultura moderna abstracta, ni una fuente extraña, es, aunque no podáis creerlo, una piscina infantil.



Eso era para lo que se construyo allá por los 70. Junto a la piscina de Aranzadi se encuentra una caseta y esta estructura. La primera albergaba antiguamente unos vestuarios (he llegado a usarlos, tan viejo soy...) y la estructura es la piscina infantil. Detrás de la caseta se encontraba una piscina de medianas proporciones para mayores, que no llegué a usar pero sí a ver en funcionamiento y a mi hermana mayor usarla. La piscina pequeña por aquel entonces ya no funcionaba, por lo visto los crios se caían y se abrían la cabeza y dejaron de usarla... normal, hoy en día nos parecería una salvajada.

Aún así la piscina ha quedado allí, como testimonio de que no siempre los columpios fueron de madera y el suelo de gomaespuma. A su alrededor hubo columpios y dos tubos grandes de hormigón bajo una morera que hacía las delicias de los niños del barrio. Junto a los columpios extrañas estructuras de hormigón sin posible utilidad práctica más allá de despertar la imaginación de los niños, de los cuales en aquella época yo formaba parte. Los columpios eran de metal, en los que se incluían columpios clásicos y en forma de barca, balancines y dos toboganes que tan altos que para llegar arríba había que entrenar antes en un rocódromo y su descenso provocaba quemaduras de 2º grado en posaderas y aterrizajes forzosos contra la arena compactada (nada blandito para frenar nuestra inercia).

Allí me habré metido leches de todo tipo, y jugado de mil maneras posibles. Mi propio hermano pequeño puede testimoniar su peligrosidad con una cicatriz que tiene en una mejilla provocada por el choque de la esquina metálica de un columpio impulsada por un niño bestiarra contra su mejilla de pocos años de edad. Lo normal en la época.

Cuando se comenzó la operación "paseo del Arga" todo eso desapareció. Se consideró que la piscina estaba muy cerca de sus hermanas mayores de Aranzadi y se cerró. Se tapó con tierra y acabó convirtiendose en un jardin más. La caseta de las máquinas fue derribada y solo dejaron el desague que sobresale apuntando al rio y que puede observarse desde el cercano puente de San Pedro. El vestuario se respetó y hoy sirve como almacen de jardinería y como mural en el que los jóvenes del barrio expresan su aprecio a nuestra amada alcaldesa. Los tubos, gradas y demás estrañas formas han desaparecido (auqneu las moreras no). Lo extraño es que la piscina infantil en desuso se respetó... y los niños siguen partiendose la crisma en ella como toda la vida se ha hecho. Junto a la piscina columpios asépticos de hoy en día sustituyeron a los metálicos y son vigilados por madres que cotillean sentadas en unas gradas nuevas, levantadas a su vera.

El parque ha cambiado mucho, aunque espero que la fallida piscina siga allí para romper la crisma a miles de generaciones de rochapeanos de la zona. Nos endurecieron de verdad.